Autora: Andrea Safont-Tria Morales
El hidrógeno verde está ganando gran relevancia en el contexto de la seguridad energética y la descarbonización, especialmente entre la Unión Europea (UE), que prevé importar 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable y sus derivados para 2030. Para satisfacer esta demanda, países como Namibia buscan posicionarse como pioneros globales en la producción de este vector, proyectando la creación de tres valles de hidrógeno verde en el país. Pero, ¿qué impactos socioambientales esconde realmente el despliegue de esta estratégia?
Hyphen Hydrogen Energy (Hyphen en adelante) constituye el primer proyecto del Corredor de Desarrollo del Sur (SCDI), uno de los tres valles previstos. Aunque se trata de un consorcio namibio con un 24% de participación pública namibia, está conformado por la empresa alemana Enertrag y la firma de inversión Nicholas Holdings Limited, registrada en las Islas Vírgenes Británicas con intermediación societaria en Mauricio. El propósito de este proyecto es exportar hasta 2 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde en forma de amoníaco para saciar la demanda de los mercados de la UE, Japón y Corea del Sur.
¿Qué es el hidrógeno verde?
El hidrógeno se obtiene mediante la electrólisis, un proceso electroquímico que separa los átomos de hidrógeno y oxígeno presentes en el agua. Para que se considere verde, esta electrólisis debe estar alimentada exclusivamente por fuentes de energía renovable. Sin embargo, para producir un solo kilogramo de hidrógeno se necesitan entre 40 y 190 kWh de energia renovable, así como grandes cantidades de recursos hídricos, revelando serias cuestiones sobre su sostenibilidad. Namibia ha captado la atención internacional por sus condiciones idóneas de energía solar y eólica. No obstante, plantea graves contradicciones al ser una industria intensiva en agua en el país más árido del África subsahariana, donde la demanda interna de este vector es nula. Además, resulta paradójica su exportación cuando Namibia importa casi la mitad de su energía y el 40% de su población sigue careciendo de acceso a la electricidad.
Hyphen Hydrogen Energy en números
La infraestructura proyectada es clave para entender la magnitud del proyecto. Para generar la suficiente energía renovable, se construirán 600 turbinas eólicas y un parque fotovoltaico de 50 kilómetros cuadrados, alcanzando los 7 GW de capacidad instalada. Esto generará una cantidad de energía que aproximadamente cuadruplica el consumo eléctrico anual de toda Namibia registrado en 2021. Toda esta energía se destinará principalmente a la planta desalinizadora para extraer el agua del océano, al sistema de electrólisis para separar el hidrógeno, y al reactor para su conversión final en amoníaco líquido para poder exportarlo en barcos. Para financiar este macroproyecto, se contempla una inversión de 10.000 millones de dólares, el equivalente a dos tercios del Producto Interior Bruto (PIB) del país en 2025.
El complejo abarcará un espacio de 4.000 km2 dentro del Parque Nacional Tsau //Khaeb, un territorio ancestral históricamente reclamado por el pueblo Nama. Esta zona fue el epicentro de la “fiebre de los diamantes” durante la época colonial que, en consecuencia, también se denominó como Sperrgebiet o área prohibida, ya que el acceso estaba y sigue estando muy restringido para evitar la minería de diamantes ilegal. Pese a constituir un espacio de profunda memoria histórica, marcado por el genocidio alemán, la propiedad del suelo es estatal. Esto permitió al gobierno de Namibia acordar bilateralmente con Hyphen una concesión de tierras por cuarenta años.

Fuente: Hyphen Hydrogen Energy (2023) y OECD (2024).
El conflicto socioambiental
La imposición de esta infraestructura y la falta de una consulta previa vinculante han germinado un conflicto socioambiental directo, principalmente entre el pueblo Nama y los habitantes de Lüderitz, el municipio colindante.
En primer lugar, destaca la omisión de la memoria histórica en una tierra marcada por el dominio colonial alemán. Esto afecta de manera directa a los pueblos Nama y Herero, víctimas del genocidio a principios de siglo XX, miles de los cuales fueron exterminados en el campo de concentración de Shark Island. Es precisamente en este espacio donde el proyecto requiere ampliar el puerto para exportar el amoníaco a gran escala. Parte de la infraestructura necesaria supondrá la restricción de acceso público a la antigua isla y a la península de Lüderitz, la única zona de acceso al mar público en los alrededores, ya que la siguiente salida exenta de la Sperrgebiet se encuentra en una playa al norte del enclave. Esto supone una pérdida territorial que el director ejecutivo de Hyphen considera como inevitable, al tratarse de la única ubicación viable para un puerto de aguas profundas.
Esto, junto con la desalinizadora, implica graves consecuencias tanto para el ecosistema marino como para las familias que dependen de la pesca artesanal. En paralelo, el desarrollo industrial dentro del Parque Nacional Tsau //Khaeb también genera preocupaciones por tratarse de una zona de alta biodiversidad endémica. Asimismo, el parque se considera tierra ancestral para el pueblo Nama, quienes llevan años reclamándola pese a que el Estado no reconoce jurídicamente la figura de “tierra ancestral indígena”. Por este motivo, autoridades tradicionales y organizaciones de derechos humanos denuncian la falta de consentimiento y de participación de las comunidades locales en las fases tempranas del diseño del proyecto.
Aunque existe cierta esperanza respecto a la creación de empleo, residentes de Lüderitz también alertan sobre la brecha de cualificación técnica local y advierten de una probable ola migratoria que tensionará aún más la infraestructura urbana, sanitaria y habitacional del municipio.
Ante este escenario, surge la incertidumbre sobre cómo se traducirán realmente los beneficios. ¿Habrá una redistribución económica directa que priorice a Lüderitz, donde los habitantes se ven más afectados? ¿El proyecto forzará el abandono de modos de vida tradicionales, como la pesca, a cambio de empleos no cualificados? ¿Cómo se mitigarán los daños ambientales, como el vertido de salmuera o la pérdida de biodiversidad?
¿Se reproducen dinámicas de colonialismo verde?
El modelo de Hyphen, basado en la exportación a gran escala hacia el Norte Global sin beneficios claros ni equitativos para la población local, evidencia dinámicas típicas del colonialismo verde. Este concepto se distingue del neocolonialismo clásico al sustentarse bajo una justificación ambiental. Pese a que las actividades se legitiman apelando al “bien común” de descarbonización global, la realidad es que las cargas socioambientales se desplazan al Sur Global, mientras que la energía “limpia” y el beneficio se exportan hacia el Norte. Esta asimetría cobra especial gravedad dados los lazos históricos de violencia y dependencia, reproduciendo ciertas dinámicas de dominio indirecto a través del extractivismo verde ya que, aunque el sol y el viento sean aparentemente intangibles, siguen siendo recursos explotables para su exportación.
Es relevante destacar la participación de la empresa alemana Enertrag, quien invisibiliza el significado histórico del territorio donde se realizarán las actividades. La falta de reconocimiento de su legado colonial, junto con el discurso legitimador de Hyphen que afirma que en Namibia “hay grandes extensiones de tierra deshabitada y subdesarrollada” (“large swathes of uninhabited and undeveloped land”), perpetúan mitos coloniales clásicos. Reducir un territorio ancestral y de memoria a un simple espacio vacío para desarrollar, sin considerar el contexto y a las comunidades locales, reproduce dinámicas de colonialismo verde tras la máscara del desarrollo y la descarbonización. Así, estos discursos ocultan las implicaciones de crear estas «zonas de sacrificio».
El “bien común” de las zonas de sacrificio
A menudo, el discurso hegemónico muestra los megaproyectos de la transición verde como intrínsecamente justos y sostenibles por el mero hecho de contribuir a los objetivos globales de descarbonización. Sin embargo, los costes y beneficios no se distribuyen de manera equitativa, corriendo el riesgo de reproducir dinámicas de colonialismo y extractivismo verde al generar estas “zonas de sacrificio” que se asumen como el daño colateral necesario para un supuesto “bien común”.
El conflicto socioambiental surgido del proyecto Hyphen no es un hecho aislado, sino que responde a dinámicas asimétricas y coloniales de la transición verde. La propia empresa Hyphen estima la necesidad de 9.000 proyectos más de su misma escala para poder alcanzar los objetivos de cero emisiones netas para 2050 a nivel mundial. Esta cifra revela la insostenibilidad de mantener el ritmo de consumo actual del Norte Global, que más que una transición, está llevando a cabo una “adición» energética. En definitiva, cabe remarcar que una transición energética global nunca podrá ser justa si continúa dependiendo de crear zonas de sacrificio en el Sur Global para sostener las demandas crecientes del Norte.
Referencias
Hyphen Hydrogen Energy (2023). Southern Corridor Development Initiative Namibia. HYPHEN: Project Summary. Version 1.0. https://www.namibia-forum.ch/media/kunena/attachments/102/HYPHEN_ProjectSummary_MediaBriefing.pdf
OECD (2024). Hyphen Hydrogen Energy: Ammonia – Namibia. OECD. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/about/programmes/cefim/green-hydrogen/update-case-studies/hyphen-namibia-case-study-2024.pdf
Fotografía de portada: Hyphen Hydrogen Energy (2026): The Hyphen Project. https://hyphenafrica.com/the-hyphen-project


